Anoche te soñé.

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Anoche te soñé. Lo extraño es que nuestra historia sucedía al revés.

Durante un par de horas viviste en mi piel y te pusiste en mis zapatos.

Anoche te soñé. Soñé que tú matabas monstruos por mi, y yo en cambio… huía a media noche dejando vacío el lado izquierdo de la cama. Sin preaviso, y sin nota en la mesilla.

Anoche te soñé…

Y por la mañana desperté. Me sentí un poco confusa, pero en cuestión de un minuto esbocé una gran sonrisa. Y sabes por qué? Porque a pesar todo, no cambiaría un ápice de nuestra real y triste historia.

Pues como ves, yo si duermo por las noches. Puedo incluso hasta SOÑAR.

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“Esta”

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Si es duro en una relación ser “la otra”, imagínense ser “esta”.

La otra sabe desde el minuto cero, que no es la primera ni la única, aunque sueña serlo. Que su cama es la segunda y que en los eventos familiares y fotos navideñas, nunca aparece. Que su nombre solo figura en los moteles baratos de carretera y en el listin telefónico bajo otro nombre, y si es bajo nombre masculino para no levantar sospechas, mejor (para él).

Pero que me dicen de “esta”?

“Esta” es aquella a la que se refieren diciendo: “hoy he quedado con esta”. No es ni la otra ni la novia. Es la chica a la que están conociendo y bajo la excusa de que aún es pronto para ponerle nombres, te dicen que es mejor no definirlo. Ella es tan tonta que twitea frases como “no sé lo que somos pero me gusta” o “estamos a nada de serlo todo”. Mentira. Mil veces mentira. Si te llaman “esta” por muy jodido que parezca, nunca piensan tomarte en serio. Y créanme que se de lo que hablo, que el mundo esta lleno de vendedores de bellas palabras con alergia al compromiso.

Son capaces de pasear contigo por Gran Vía y decirte bajo el letrero de schweppes que te aman, pero les faltan cojones para contestar a la pregunta: “tú y yo que somos”?.

Vuelven a repetirte que aun es pronto. Que al parecer, después de 500 noches, 300 cenas y 200 te echo de menos, sigue sin ser suficiente.

Se saben tu cuerpo de memoria, tanto… que con los ojos cerrados son capaces de localizar tus lunares, pero la ubicación mas importante, tu corazón, se la pasan por alto.

Al principio es comprensible, pero con el tiempo (tiempo, tiempo, tiempo…)escapa a la razón y se convierte en un despropósito. En un argumento falaz.

Porque lo poco agrada y lo mucho cansa.

Y yo ya me cansé de ser “esta”, de cruzar semáforos en rojo por ti. De hacer puenting sin la cuerda y saltar desde avionetas sin paracaídas. Porque contigo siempre es lo mismo. Hoy muy bien y mañana Dios dirá, porque tu seguirás sin decir nada. Ah si!, volverás a repetir como muchas tantas veces “he quedado con esta”. Pero ya no seré yo, será otra.

Ya no soy un pronombre demostrativo. Me cansé de demostrar que era rica de sentimientos a un pobre de corazón. Fui tu bella distracción y tú… mi triste perdición.

Seamos francos: cuando conocemos a una persona, sabemos si la queremos para una noche, una temporada o toda la vida. Así que llamemos a las cosas por su verdadero nombre.

Porque algún día será tarde. Hoy ya es tarde. Y ayer, pasado.

El viajero

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Es curioso, cuanto menos, gracioso, que hables de amor cuando ni siquiera sabes deletrear la palabra. Durante mucho tiempo me prometiste y hablaste de un viaje en común, sin confesar que solo compraste un billete, y manda cojones, que solo fuera de ida.

No te preocupes, suspira aliviado, que eso ya me deja dormir por las noches, porque si tu eres mi compañero de viaje, que se pare el mundo que yo me bajo.

No te miento si te digo que hice las maletas, pero el día de partida me encontré sola en el anden, y no me extraña que a ti no te extrañe, porque eso es a lo que nos acostumbramos, o mejor dicho, te acostumbraste a hacer, minimo, una vez por mes, que luego pasaron a ser semanas, para finalmente convertirse en días.

Todavía me sorprende que siempre consigas pasar el control de adunas, y aunque muchas veces soñé con tu extradición, lo cierto es que ahora pido tu exilio, porque éste ya no es tu lugar, perdiste la nacionalidad en uno de esos viajes, quizá antes de comprar tu primer billete.

Algún día gastarás tu dinero, te hartaras de viajar de cama en cama y de boca en boca “y tiro porque me toca”. De palabras vacías y sentimientos efímeros, porque aunque creas que el alcohol cuanto mas caro y mas alto de grados mejor, al día siguiente la resaca de tu cuerpo es igual de barata que tus palabras.

Perdóname el atrevimiento, si te digo que te cansaras de ser el ultimo superviviente y querrás volver a tu patria. Y yo estaré ahí para recordarte que perdiste la tierra que nunca cultivaste.

Aunque sinceramente, no creo ni que esté para eso, porque ahora viajo sola. Aprendí del mejor maestro.

PD: que digo yo, que si lo llego a saber antes, soy yo la que te paga el primer billete.